Y
aquí estoy, en mi habitación, sentado, escribiendo estas palabras, mientras
afuera la lluvia desplazándose levemente por las calles nos deja oír su sonido
tranquilo y refrescante, trato de concentrarme y de repente te siento, cómo un
soplo, como una llama, estas ahí, estas presente, cada palpitar va deletreando
uno a uno el conjunto de símbolos que unidos representan tu nombre, ese nombre
que al pronunciarlo extrae de mí cosas que ni yo mismo creía conocer.
Pienso
en salir, dar una vuelta quizás; pero, a dónde, aún no sé en qué lugar estas,
me desplazo vagando por ahí con la idea de quizás en una esquina toparme
contigo o, con una señal que me indique: este es el camino y así debes de
llegar. Esto suena demasiado sencillo, quizás si pasara no lo apreciaría lo suficiente,
quizá por eso ahora estoy deambulando incluso sentado.
Y
ahí está la ventana, a mi lado, o al tuyo, que se yo, pero esta, eso es seguro, porque por ella se deslizan una a una las gotas de la tenue lluvia que nos
acompaña el día de hoy, esas gotas que
dibujan en el transparente cristal los latidos de un pequeño corazón.
Es
extraño, anhelo zarpar, aunque desconozca a dónde ir, es como si ahora mismo te
escuchara, aunque el horizonte no sea claro no hay miedo, no hay temor, solo el
hacerlo. Alguno quizás le llamen locura, pero ahora, sería completamente un
loco, porque esto, esto es vivir.
-John
J. Lemus-
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